1. INT. HABITACIÓN BLANCA. DÍA
LAUTARO (43) está sentado frente a la cámara, pero no mira
directamente a ella, sino a un punto fijo en el otro
extremo. Detrás de él hay una pared blanca. Viste una camisa
a cuadros. Su mirada es aguda y revela una profunda
inteligencia. Es un hombre maduro, pero atractivo.
LAUTARO
Odio a la gente.
Odio a la gente.
CORTE A:
2. INT. REDACCIÓN DE PERIÓDICO. DÍA
La redacción de un periódico ampliamente leído: por todos
lados aparecen reporteros y editores concentrados en sus
computadoras, mientras escriben. Otros hablan
acaloradamente. Lautaro está frente a una computadora;
sostiene unos papeles. Habla con AUGUSTO (24), un reportero
dócil y poco experimentado que lo escucha con
LAUTARO
(condescendiente)
Mira, Augusto, el formato básico de
la nota es éste: cómo, por qué,
quién, cuándo.
(condescendiente)
Mira, Augusto, el formato básico de
la nota es éste: cómo, por qué,
quién, cuándo.
Lautaro le señala los errores mediante clicks sobre la pantalla
de la computadora.
AUGUSTO
(ríe, apenado)
Ya entendí, jefe. Para la próxima
lo tengo listo.
(ríe, apenado)
Ya entendí, jefe. Para la próxima
lo tengo listo.
3. INT. HABITACIÓN BLANCA. DÍA
LAUTARO
(impasible)
Soy antisocial.
(impasible)
Soy antisocial.
CORTE A:
4. INT. BAR. NOCHE
Lautaro está sentado con varios AMIGOS en un bar muy concurrido,
de estilo pub inglés. Todos brindan con cerveza y ríen,
mientras fuman y sueltan sonoras carcajadas. Lo que charlan resulta
inaudible.
5. INT. HABITACIÓN BLANCA. DÍA
Lautaro cambia de posición y sigue con la mirada fija en el
punto a la derecha de la cámara.
LAUTARO
(terminante)
Nunca me he enamorado.
(terminante)
Nunca me he enamorado.
CORTE A:
6. INT. HABITACIóN EN DEPARTAMENTO DE LAUTARO. NOCHE
Lautaro está acostado sobre su cama, una matrimonial con
ropa de cama en azul marino. Su habitación es sobria, pero está
equipada con una televisión muy amplia y libreros repletos de
libros. Sólo está prendida una lámpara en el buró.
LAUTARO
(habla por teléfono y con voz
muy baja)
Me estoy clavando con esta chava,
maestro... Ajá... Leonor, es de los
Unsué... Sí, está en el periódico haciendo
sus prácticas... ¡Ya lo sé! ¿Pero qué
quieres que haga, eh?
(habla por teléfono y con voz
muy baja)
Me estoy clavando con esta chava,
maestro... Ajá... Leonor, es de los
Unsué... Sí, está en el periódico haciendo
sus prácticas... ¡Ya lo sé! ¿Pero qué
quieres que haga, eh?
7. INT. HABITACIÓN BLANCA. DÍA
LAUTARO
En el trabajo no soy nadie. Un cero
a la izquierda.
En el trabajo no soy nadie. Un cero
a la izquierda.
CORTE A:
8. INT. OFICINA DE LAUTARO. DÍA
Lautaro está sentado en su escritorio, escribiendo compulsivamente.
Su oficina está repleta de archiveros, papeles y libros.
Algunos reconocimientos y fotografías con personalidades políticas
adornan la pared. Alguien toca la puerta un par de veces. Lautaro
levanta la mirada. MARINA (32) entra a la oficina: se trata
de una de las coeditoras, elegante y bien vestida. Lautaro
le sonríe festivamente.
MARINA
Lautaro: en Estados necesitamos tu
visto bueno.
Marina le entrega unos papeles, que Lautaro examina detenidamente.
LAUTARO
¿Cuál es el problema, Marina?
¿Cuál es el problema, Marina?
MARINA
Las encuestas. Mira las preguntas.
Son...
Las encuestas. Mira las preguntas.
Son...
LAUTARO
(la interrumpe suavemente,
mientras sonríe)
Efectistas. Dirigidas. Mal hechas.
MARINA
(sonríe)
Exactamente. ¡Exactamente!
(la interrumpe suavemente,
mientras sonríe)
Efectistas. Dirigidas. Mal hechas.
MARINA
(sonríe)
Exactamente. ¡Exactamente!
9. INT. HABITACIóN BLANCA. DíA
Lautaro reflexiona mirando hacia un punto en el vacío, y
luego se dirige a la cámara.
LAUTARO
(derrotado)
Mi vida es una mierda.
FADE IN(derrotado)
Mi vida es una mierda.
CORREN CREDITOS DE INICIO
FADE OUT
10. INT. DESPACHO DE RODOLFO. DíA
RODOLFO, un hombre bonachón de casi 50, bigotón y moreno,
habla con su coordinadora de Medios, ANA (28). El despacho
es elegante y amplio, repleto de motivos institucionales del
otrora Partido Oficial.
RODOLFO
¿Cómo ves, mi Anita? ¿Nos lanzamos
con Macías?
ANA
Mire, don Rodolfo, yo lo que
propondría es que nos tomáramos las
cosas con calma. Ya ve que luego en
los medios pueden confundir una
cosa con otra...
RODOLFO
Me tiene sin cuidado. A mayor
presencia, mayor recordación en la
gente. Y por tanto: más votos
(Hace un gesto con los dedos
de contar dinero)
ANA
(ríe)
Ya sé, don Rodolfo, pero cálmese:
de otra forma vamos a saturar a la
gente.
RODOLFO
Me-va-le-ma-dre, Anita. Con otra
mentalidad nunca vamos a ser Presidentes
de la República.
¿Cómo ves, mi Anita? ¿Nos lanzamos
con Macías?
ANA
Mire, don Rodolfo, yo lo que
propondría es que nos tomáramos las
cosas con calma. Ya ve que luego en
los medios pueden confundir una
cosa con otra...
RODOLFO
Me tiene sin cuidado. A mayor
presencia, mayor recordación en la
gente. Y por tanto: más votos
(Hace un gesto con los dedos
de contar dinero)
ANA
(ríe)
Ya sé, don Rodolfo, pero cálmese:
de otra forma vamos a saturar a la
gente.
RODOLFO
Me-va-le-ma-dre, Anita. Con otra
mentalidad nunca vamos a ser Presidentes
de la República.
Lautaro entra al despacho y saluda a Ana y Rodolfo con un apretón
de manos.
RODOLFO
(festivo)
¡Quihobo, mi Lautarito! ¿Listo para
convertirnos en Presidentes de la
República?
LAUTARO
(consecuente)
Ya mero, señor Liceaga. Apenas
tengamos lista la precandidatura.
RODOLFO
No te me pongas rejego, Lautaro.
(festivo)
¡Quihobo, mi Lautarito! ¿Listo para
convertirnos en Presidentes de la
República?
LAUTARO
(consecuente)
Ya mero, señor Liceaga. Apenas
tengamos lista la precandidatura.
RODOLFO
No te me pongas rejego, Lautaro.
Ana sonríe a ambos y sale discretamente de la habitación.
RODOLFO
¿Ya me tienes listas las
campañitas?
LAUTARO
Sí, señor Liceaga.
(ondea un fólder)
Pero vamos a tomarnos todo con
calma. Sírvase un coñac y échele un
ojo a la estrategia.
RODOLFO
(echa un vistazo rápido a los
documentos)
Oye, mi Lautaro, ¿y en tu periódico
no hay posibilidad de incrementar
la presencia? Acuérdate que la
recordación es básica.
LAUTARO
Por supuesto, mano, pero hay poco
que yo pueda hacer en la sección de
Economía y Finanzas, salvo quizá
hacer un comparativo entre tu
propuesta financiera y...
RODOLFO
(interrumpe)
¡Eso! ¡Eso! Haz lo que tengas qué
hacer. Yo estoy a tus órdenes.
¿Ya me tienes listas las
campañitas?
LAUTARO
Sí, señor Liceaga.
(ondea un fólder)
Pero vamos a tomarnos todo con
calma. Sírvase un coñac y échele un
ojo a la estrategia.
RODOLFO
(echa un vistazo rápido a los
documentos)
Oye, mi Lautaro, ¿y en tu periódico
no hay posibilidad de incrementar
la presencia? Acuérdate que la
recordación es básica.
LAUTARO
Por supuesto, mano, pero hay poco
que yo pueda hacer en la sección de
Economía y Finanzas, salvo quizá
hacer un comparativo entre tu
propuesta financiera y...
RODOLFO
(interrumpe)
¡Eso! ¡Eso! Haz lo que tengas qué
hacer. Yo estoy a tus órdenes.
Rodolfo se sirve un coñac en un vaso de cristal y ofrece
otro a Lautaro, quien acepta displicentemente.
RODOLFO
Me está gustando cómo anda quedando
todo, te lo digo derecho: ya nos
veo como Presidentes de la
República.
Me está gustando cómo anda quedando
todo, te lo digo derecho: ya nos
veo como Presidentes de la
República.
Lautaro hace una mueca afirmativa, casi inescrutable, y bebe del
vaso. De pronto se escucha que alguien llama a la puerta, y
luego la abre lentamente. Se trata de DOÑA CATARINA, la
esposa de Rodolfo, una mujer regordeta y descuidada en su
aspecto.
DOñA CATARINA
¿Puedo?
RODOLFO
(con voz fastidiada)
Pasa, mujer.
DOÑA CATARINA
¿Cómo está, señor Cromgüel?
(doña Catarina saluda a
Lautaro ceremoniosamente)
Rodolfito: me gustaría que a la
noche llevaras a Miriam al
aeropuerto.
(Catarina se vuelve hacia
Lautaro y sonríe maquinalmente)
Va a recoger a una amiguita suya
que viene de Europa.
RODOLFO
(molesto)
Como sea, Cata.
(Rodolfo mira a Lautaro con un
atisbo de vergüenza y se
justifica)
¡Qué caray! El chofer anda de
vacaciones, el muy bueno para nada.
¿Puedo?
RODOLFO
(con voz fastidiada)
Pasa, mujer.
DOÑA CATARINA
¿Cómo está, señor Cromgüel?
(doña Catarina saluda a
Lautaro ceremoniosamente)
Rodolfito: me gustaría que a la
noche llevaras a Miriam al
aeropuerto.
(Catarina se vuelve hacia
Lautaro y sonríe maquinalmente)
Va a recoger a una amiguita suya
que viene de Europa.
RODOLFO
(molesto)
Como sea, Cata.
(Rodolfo mira a Lautaro con un
atisbo de vergüenza y se
justifica)
¡Qué caray! El chofer anda de
vacaciones, el muy bueno para nada.
Doña Catarina está a punto de agregar algo, pero se
contiene. Está a punto de dar la vuelta y salir.
P.O.V. de Lautaro: Ambos, Rodolfo y doña Catarina, lucen ahora
visiblemente más jóvenes. Sin duda, se trata de la misma pareja,
pero en sus veinte. Ambos están vestidos con prendas evidentemente
setenteras: pantalón de dril, vestido de poliéster, cabellos
engominados o profusamente esponjados. Hablan como hace unos
segundos, pero en un idioma inaudible, del que sólo se
escuchan algunas risas contenidas. Lucen enamorados,
joviales.
CORTE A:
11. INT. COCHE DE LAUTARO. DíA - MOMENTOS DESPUéS
Lautaro está sentado en el asiento del piloto, aún
estacionado al pie de la casa de Rodolfo: un conjunto
habitacional pasado de moda, pero cuidado. Rodolfo mismo se
asoma por la ventana del copiloto, con un brazo sobre el
toldo y otro recargado en la portezuela.
RODOLFO
Espero la segunda parte del
proyecto, mano.
Espero la segunda parte del
proyecto, mano.
Rodolfo mira a los lados, como escudriñando si alguien viene
por la calle. Vuelve la vista hacia Lautaro, distraído.
RODOLFO
Estamos en contacto. Acuérdate que
esta vez sí vamos por la
Presidencia de la República.
(le da un golpe ligero al
coche, como invitándolo a que
inicie la marcha)
Estamos en contacto. Acuérdate que
esta vez sí vamos por la
Presidencia de la República.
(le da un golpe ligero al
coche, como invitándolo a que
inicie la marcha)
Lautaro asiente y prende el motor. Se aleja con una casi imperceptible
inclinación de la cabeza.
12. INT. COCHE DE LAUTARO. DíA.
Lautaro maneja por las avenidas de la ciudad de México,
eternamente caóticas y tumultuosas. Su gesto es impertérrito,
indefinible. Podemos escuchar una estación de radio distorsionada,
al interior del automóvil. De pronto, mientras maneja, Lautaro
encuentra su propia mirada en el espejo retrovisor.
P.O.V. de Lautaro: su propia mirada reflejada en el espejo,
que revela cierto desconocimiento. La mirada se agudiza,
como si de alguna forma no reconociera los ojos que mira.
13. INT. REDACCIóN DE PERIóDICO. DíA
Lautaro entra en la redacción mientras lee los titulares del
día en el propio periódico. Algunos lo saludan con familiaridad
a su paso. Antes de llegar a la puerta de su oficina,
Augusto lo detiene.
AUGUSTO
Lautaro: malas noticias. No entró
la entrevista con Burgess.
LAUTARO
(musita)
Puta madre...
AUGUSTO
Pero salvamos la nota con la
conferencia de prensa. Ya me mandaron
el boletín y la estoy armando
ahorita.
LAUTARO
(parece reflexionar, aunque en
realidad luce distraído)
Entonces aviéntatela, maestro. Al
rato vemos en la junta si entra o
no.
Lautaro: malas noticias. No entró
la entrevista con Burgess.
LAUTARO
(musita)
Puta madre...
AUGUSTO
Pero salvamos la nota con la
conferencia de prensa. Ya me mandaron
el boletín y la estoy armando
ahorita.
LAUTARO
(parece reflexionar, aunque en
realidad luce distraído)
Entonces aviéntatela, maestro. Al
rato vemos en la junta si entra o
no.
Augusto asiente con premura. Lautaro le da una palmada en la espalda y sigue su camino.
14. INT. OFICINA DE LAUTARO. DíA
Lautaro entra a la oficina con cierto desgano. Deposita el saco
sobre el respaldo de la silla reclinable y, al hacerlo, sus
ojos se encuentran con la computadora portátil abierta. Este
hecho parece perturbarlo un poco, pero se da la vuelta y se
deja caer sobre la silla. Cierra los ojos unos segundos.
Después toma el teléfono y llama a la recepción.
LAUTARO
¿No ha llegado Leonor, Margarita?
Sí... No, no, no me urge. Nada más
quería saber... A ti. Hasta luego.
¿No ha llegado Leonor, Margarita?
Sí... No, no, no me urge. Nada más
quería saber... A ti. Hasta luego.
Lautaro cuelga el teléfono y vuelve a cerrar los ojos, fastidiado.
Al abrirlos, la computadora permanece abierta, centelleante,
como si algo en ella se revelara acusador. Lautaro se
inclina hacia ella y posa los dedos sobre el teclado.
Comienza a escribir, indeciso.
FADE IN A NEGROS
LAUTARO
(V.O.)
Lo más irónico es que llevo 8 años escribiendo
una novela...
(V.O.)
Lo más irónico es que llevo 8 años escribiendo
una novela...
BEAT
LAUTARO (CONT'D)
(V.O.)
...Mi novela.
(V.O.)
...Mi novela.
FADE OUT
15. INT. DEPARTAMENTO DE LAUTARO. NOCHE
P.O.V. de Lautaro: unas piernas largas, desenfocadas. La mirada
las recorre desde las rodillas hasta los muslos. Al
flexionarse, aparece a cuadro el rostro de LEONOR (23),
profundamente atractiva, de cabello rubio y salvaje. En su
rostro hay una sonrisa coqueta.
Lautaro acaricia una de las piernas, y Leonor se deja caer sobre
él, que yace sobre uno de los sillones de su sala. El
departamento está a media luz. Leonor lo besa en los labios
y suelta risitas.
LAUTARO
Te he estado buscando por todas
partes, Leonor Unsué.
LEONOR
¿Sí? ¿Sí?
Te he estado buscando por todas
partes, Leonor Unsué.
LEONOR
¿Sí? ¿Sí?
C.O. de Lautaro, que abre los ojos repentinamente.
La sala está vacía, a media luz como hace unos instantes.
Leonor no está en ninguna parte. Lautaro cierra los ojos.
16. INT. DEPARTAMENTO DE HOMBRE Y MUJER. DíA
Vemos un departamento mediano, decorado frugalmente, donde
la MUJER y el HOMBRE discuten. Ella no rebasa los 25 años,
tiene el cabello negro y corto, viste una blusa floreada
algo anticuada. Él es varonil y atractivo, viste un traje
color gris. Sus caras serán recordadas insistentemente a lo
largo de la historia.
MUJER
Me amabas, Miguel. Me amabas, ¿no?
( Ella intenta abrazarlo, pero
él se resiste)
Dime que me amas otra vez. Dímelo.
HOMBRE
No, Leonor. No puedo. Mírate ahora.
Casi no te conozco.
Me amabas, Miguel. Me amabas, ¿no?
( Ella intenta abrazarlo, pero
él se resiste)
Dime que me amas otra vez. Dímelo.
HOMBRE
No, Leonor. No puedo. Mírate ahora.
Casi no te conozco.
La Mujer se cubre la cara con las manos y solloza sin ruido. El
Hombre continúa:
HOMBRE
Te busqué toda mi vida, y cuando
por fin te tuve ya no significaste
nada: míranos. Mira lo que hay
aquí. ¿Dónde estamos? ¿A dónde
hemos llegado?
Te busqué toda mi vida, y cuando
por fin te tuve ya no significaste
nada: míranos. Mira lo que hay
aquí. ¿Dónde estamos? ¿A dónde
hemos llegado?
La Mujer se le acerca y le echa los brazos encima, que él no
rechaza esta vez.
MUJER
Estamos donde siempre quisimos
estar: juntos. Todo esto es nuestro.
A donde quiera que mires estoy yo.
Soy tuya. Sólo tuya.
Estamos donde siempre quisimos
estar: juntos. Todo esto es nuestro.
A donde quiera que mires estoy yo.
Soy tuya. Sólo tuya.
La Mujer busca sus labios. El Hombre la mira desconsolado, sin
querer creer sus palabras. Por fin ambos se besan. El beso
dura unos segundos y, de pronto, un brusco movimiento tanto
de la cámara como del piso los sorprende. Ambos se despegan
asustados.
Es un terremoto.
La Mujer grita despavorida. El Hombre mira alrededor confundido.
El techo se desprende. Un gran trozo de cemento la golpea en
el rostro.
FADE IN A NEGROS
CORTE A:
17. INT. HABITACIÓN DE LAUTARO. NOCHE
Lautaro despierta, confundido. Mira a su derecha. La computadora
portátil lo observa inquisitivamente desde un rincón. Frunce
el ceño. A su lado yace Leonor, completamente dormida.
Lautaro permanece inmóvil, casi asustado, hasta que poco a
poco se acuesta de nuevo y se cubre con la cobija. Luce como
un niño perdido y temeroso. Leonor se revuelve y luego
voltea hacia él, abriendo un ojo que lo mira de inmediato.
LEONOR
¿Pesadillitas?
LAUTARO
No, no.
(Voltea hacia la computadora y
luego hacia Leonor)
¿Te diste cuenta si me levanté a
escribir en este rato?
LEONOR
¿Ahorita?
LAUTARO
Sí, en este rato.
LEONOR
(incrédula)
Mientras estábamos dormidos...
LAUTARO
Sí.
LEONOR
No, quesito, para nada. Estás
alucinando.
¿Pesadillitas?
LAUTARO
No, no.
(Voltea hacia la computadora y
luego hacia Leonor)
¿Te diste cuenta si me levanté a
escribir en este rato?
LEONOR
¿Ahorita?
LAUTARO
Sí, en este rato.
LEONOR
(incrédula)
Mientras estábamos dormidos...
LAUTARO
Sí.
LEONOR
No, quesito, para nada. Estás
alucinando.
Leonor se incorpora y le da un beso en la nariz. Luego se recuesta
de nuevo, mirándolo.
LEONOR
Duérmete. Tengo clases mañana.
Duérmete. Tengo clases mañana.
Lautaro voltea hacia el techo, desde donde lo observamos ahora.
Sus ojos están inquietos. Su rictus entero parece incómodo,
expectante, confundido. Se lleva ambas manos a la cara.
Luego voltea hacia Leonor y le pasa un brazo encima,
acercándose a ella tanto como le es posible, como un niño
asustado a su madre.
18. INT. HABITACIóN BLANCA. DíA
Lautaro está sentado frente a la cámara, con una pierna
encima de la otra, en un actitud muy relajada.
LAUTARO
Tenía muchas ideas.
Tenía muchas ideas.
CORTE A:
19. EXT. PARQUE. DíA
Lautaro camina distraído por el Parque México, a esa hora
concurrido por toda clase de fauna social: estudiantes de Filosofía
con atuendos étnicos, ancianos paseando a un perro, niños
jugando fútbol. Uno de éstos, un NIÑO de no más de 10 años,
moreno y simpático, hace una jugada habilidosa con el balón.
Lautaro permanece mirándolo, ausente pero fascinado.
P.O.V. de Lautaro: el niño patea y chuta el balón en CÁMARA
LENTA, con un talento portentoso, mientras todos los ruidos
alrededor se silencian.
CORTE A:
20. EXT. CANCHA DE FúTBOL. DíA
El niño de la escena anterior aparece ataviado con un UNIFORME
PLATEADO. Dos sendas ALAS blancas salen de su espalda. A
simple vista, el niño da la apariencia de un ángel jugando
al fútbol. En la cancha sólo hay otro jugador, un ROQUERO de
cabello largo y esponjado que usa una bandita multicolor en
la cabeza. A punto de dar un pase, la fantasía se difumina.
CORTE A:
21. INT. HABITACIóN BLANCA. DíA
Lautaro ríe, mirando al punto fijo de siempre.
LAUTARO
No todas eran buenas.
No todas eran buenas.
Lautaro mira hacia arriba, como tratando de buscar las respuestas
ahí.
LAUTARO (CONT'D)
Algunas peores que otras, pero
sólidas. Casi todas sólidas.
Algunas peores que otras, pero
sólidas. Casi todas sólidas.
CORTE A:
22. INT. DEPARTAMENTO DE HOMBRE Y MUJER. DIA
El departamento está lleno de escombros, completamente derruido.
El Hombre y la Mujer están arrumbados en el piso, noqueados por
los trozos de cemento que han caído. A pesar de que no hay
techo, observamos por la ventana que están a una altura
considerable. El Hombre se incorpora convaleciente, alejando
de sí polvo y piedras pequeñas. Voltea hacia donde yace la
Mujer, con el rostro ensangrentado. Se levanta alarmado para
auxiliarla. La levanta en brazos, pero ella no responde.
HOMBRE
(al borde del llanto)
Leonor, Leonor... Tranquila. Voy a
traer ayuda. Leonor... No te
mueras...
(la voz se entrecorta,
cediendo paso a sollozos lastímeros)
No te me mueras, Leonor... Te amo.
Es verdad: te amo.
(al borde del llanto)
Leonor, Leonor... Tranquila. Voy a
traer ayuda. Leonor... No te
mueras...
(la voz se entrecorta,
cediendo paso a sollozos lastímeros)
No te me mueras, Leonor... Te amo.
Es verdad: te amo.
La Mujer permanece inconsciente.
Un largo PANEO viaja desde donde ambos cuerpos yacen hasta
la ventana, para TRASPASARLA.
Descubrimos que afuera hay un MAR inmenso, azul y profundo, cuyo
único límite es un horizonte teñido de naranja y rojo. Una
escena idílica, acaso inverosímil.
TRANSICIÓN
23. INT. OFICINA DE LAUTARO. DíA
Lautaro está frente a la computadora, que muestra claramente
una HOJA EN BLANCO. Él luce indeciso, sin ganas. Un breve
tic lo obliga a golpetear la madera rítmicamente. Su mirada
se fija en su mano izquierda, donde podemos apreciar una
gran CICATRIZ alargada.
Lautaro permanece mirando la herida largo rato.
24. EXT. MAR. DÍA
El Hombre rema sobre una barcaza improvisada sobre el mar, jadeante por el esfuerzo. Un movimiento de la cámara nos hace ver a
la Mujer, aún inconsciente, cuyo cuerpo se mecea por los
movimientos del bote. El Hombre luce desesperado, pero
aunque está herido, rema con fuerza y decisión.
HOMBRE
¿Quieres que te cuenta una
historia, Leonor?
¿Quieres que te cuenta una
historia, Leonor?
La Mujer permanece en su estado comatoso. El Hombre parece ignorar esto, y la mira como si ella lo hubiera animado a seguir.
HOMBRE
¿Sabes lo que hacía antes de ti? De
conocerte, digo. Antes de todo
esto...
TRANSICIÓN¿Sabes lo que hacía antes de ti? De
conocerte, digo. Antes de todo
esto...
25. INT. REDACCIÓN DE PERIÓDICO II. DÍA
El Hombre camina por la redacción de un periódico, similar
al que hemos visto antes, pero sustancialmente distinto:
detalles como el color de las paredes, la gente que ahí trabaja,
la disposición de los cubículos.
El Hombre camina desparpajado, seguro de sí mismo, y a su
paso saluda a numerosos reporteros, secretarias y editores.
Se acerca a un cubículo, donde un REPORTERO (22) joven e
inexperto teclea inseguro.
HOMBRE
Vas bien, Armando. Vas bien.
Vas bien, Armando. Vas bien.
El REPORTERO muestra una sonrisa idiota, y continúa escribiendo.
El Hombre se topa en el camino con una EDITORA. La saluda
con un beso en la mejilla.
EDITORA
Qué guapo te ves hoy, Miguel.
HOMBRE
Sólo para ti, Mariana. Sólo para
ti...
Qué guapo te ves hoy, Miguel.
HOMBRE
Sólo para ti, Mariana. Sólo para
ti...
El hombre abre la puerta de su OFICINA y entra con una gran sonrisa
en la boca.
26. INT. OFICINA DE HOMBRE. DíA
La oficina del Hombre también guarda cierto parecido con la
de Lautaro, a diferencia de que ésta luce más limpia y ordenada.
No hay ninguna computadora portátil. En su lugar hay una MÁQUINA
DE ESCRIBIR antigua. El Hombre se sienta en su escritorio y llama
a recepción.
HOMBRE
(en el teléfono)
¿Habrá llamado el señor Godínez? ¿Sí?
Pásamelo por favor, Margarita.
(en el teléfono)
¿Habrá llamado el señor Godínez? ¿Sí?
Pásamelo por favor, Margarita.
El Hombre espera la línea mientras golpea un lápiz sobre la
madera de su escritorio. Cuando escucha que le hablan, pone
todos los sentidos en alerta.
HOMBRE
¿Godínez? ¿Listo para dominar al país?
¡Claro! Vemos lo de mis honorarios
luego.
¿Godínez? ¿Listo para dominar al país?
¡Claro! Vemos lo de mis honorarios
luego.
El Hombre escucha algunas palabras ruidosas del otro lado, sin
que la sonrisa se le borre jamás de la cara.
HOMBRE
¿Cómo lucen Los Pinos?... Qué bien. Asegúrate
de comprar unas toallas a la
altura.
(el Hombre suelta una
carcajada colosal)
Sí, por supuesto, la cena de gala.
No se me olvida... ¿No te molesta
que lleve a mi novia? De los
Valdemar... Preciosa, claro.
¿Cómo lucen Los Pinos?... Qué bien. Asegúrate
de comprar unas toallas a la
altura.
(el Hombre suelta una
carcajada colosal)
Sí, por supuesto, la cena de gala.
No se me olvida... ¿No te molesta
que lleve a mi novia? De los
Valdemar... Preciosa, claro.
CORTE A:
27. INT. SALóN DE LECTURA. NOCHE
Un salón amplio, decorado sutilmente. Al fondo hay una especie
de podio con sillones de cuero y una mesita al frente, donde
hay una botella de vino y dos copas. En los sillones están
sentados ROBERTO CANCIERI y el PRESENTADOR. Roberto luce
casi de 50, aunque apenas rebasa los 40. Es un hombre
relajado, casi cómico, que no para de hacer bromas y gesticular
en exceso. El presentador es un hombre calvo y reservado que
conduce la charla.
Frente a ellos hay una gran MULTITUD, compuesta en su mayoría
por adultos contemporáneos con lentes, sacos con los codos
remendados, todos ellos sofisticados e intelectuales.
Roberto apoya ambos codos sobre los muslos.
ROBERTO
Y, bueno, al igual que Miller, creo
que se escribe porque no hay otra
opción. No es una decisión
consciente, ¿me entienden? Es un
recodo en el camino: lo tomas o lo
dejas.
(Roberto hace una pausa y
sonríe empático hacia su
pueblo)
Mi apuesta me jodió por completo,
como han visto...
Y, bueno, al igual que Miller, creo
que se escribe porque no hay otra
opción. No es una decisión
consciente, ¿me entienden? Es un
recodo en el camino: lo tomas o lo
dejas.
(Roberto hace una pausa y
sonríe empático hacia su
pueblo)
Mi apuesta me jodió por completo,
como han visto...
Al fondo se escuchan algunas carcajadas respetuosas. El presentador
a su lado sonríe mirando hacia el piso.
ROBERTO (CONT'D)
Y, sin embargo, creo que no lo
elegiría de otra manera. Escribo
como vivo. Las palabras son el aire
que respiro. El acto de sentarme
frente a la hoja en blanco y,
bueno, pensar en una trama, idear
un argumento, construir un
personaje... Todo esto es tan vital
para mí como darle el primer trago
al bote de leche en la mañana. Cosa
que, por cierto, mi esposa no
termina de perdonarme.
Y, sin embargo, creo que no lo
elegiría de otra manera. Escribo
como vivo. Las palabras son el aire
que respiro. El acto de sentarme
frente a la hoja en blanco y,
bueno, pensar en una trama, idear
un argumento, construir un
personaje... Todo esto es tan vital
para mí como darle el primer trago
al bote de leche en la mañana. Cosa
que, por cierto, mi esposa no
termina de perdonarme.
AMADA, la esposa de Roberto, aparece a cuadro en una esquina del
salón. Le sonríe cómplice y tímida, totalmente encantadora.
Se trata de una mujer joven, fresca, que enseguida deja
entrever cierta sutileza en su carácter.
Roberto sonríe y se recarga en la silla. Luego alarga el
brazo para tomar una copa de vino, y da un trago mirando
hacia su audiencia.
ROBERTO
Además, no olvidemos que me pagan
por hacer lo que más me gusta. Ni
las prostitutas lo pasan mejor que
yo.
Además, no olvidemos que me pagan
por hacer lo que más me gusta. Ni
las prostitutas lo pasan mejor que
yo.
Otras risas. Amada hace un gesto condescendiente y continúa
sonriéndole.
28. INT. SALÓN DE LECTURA. NOCHE - MOMENTOS MÁS TARDE
Roberto recibe felicitaciones de algunos de los asistentes, quienes
sostienen su última novela. En la contraportada aparece la
foto de Roberto, sonriente, en blanco y negro.
Él luce nervioso, con prisa. Se aleja de la multitud hacia
un rincón y marca un número en su celular.
CORTE A:
29. INT. RECáMARA DE LAUTARO. NOCHE
Lautaro está tirado sobre su cama, viendo televisión: un
programa de concursos, banal. No trae los zapatos puestos. A
su lado hay una lata de cerveza abierta.
Su celular suena. Lautaro contesta calmadamente.
LAUTARO
¿Sí?
¿Sí?
CORTE A:
28.2. INT. SALÓN DE LECTURA. NOCHE
Roberto se tapa los oídos para no distraerse.
ROBERTO
Valgo verga, maestro.
Valgo verga, maestro.
CORTE A:
29.2. INT. RECáMARA DE LAUTARO. NOCHE
Lautaro sonríe para sí.
LAUTARO
Siempre. ¿Y ahora por qué?
Siempre. ¿Y ahora por qué?
CORTE A:
28.3. INT. SALÓN DE LECTURA. NOCHE
ROBERTO
¿Oyes a esta gente? ¡¿Oyes a esta
pinche gente?! Me idolatran
maestro. Me idolatran porque
escribí una novela ¿sí? Una novela
estúpida cuya trama robé de una película
finlandesa. ¿Te acuerdas, maestro?
¿Te acuerdas?
¿Oyes a esta gente? ¡¿Oyes a esta
pinche gente?! Me idolatran
maestro. Me idolatran porque
escribí una novela ¿sí? Una novela
estúpida cuya trama robé de una película
finlandesa. ¿Te acuerdas, maestro?
¿Te acuerdas?
CORTE A:
29.3. INT. RECÁMARA DE LAUTARO. NOCHE
LAUTARO
Sí, sí: la prostituta asesina. Muy
original y sutil. Felicidades.
Sí, sí: la prostituta asesina. Muy
original y sutil. Felicidades.
CORTE A:
28.4. INT. SALÓN DE LECTURA. NOCHE
ROBERTO
Lautaro: valgo verga. No he escrito
nada en cuatro años. ¡Cuatro años!
La novela entró a imprenta hace dos.
Échale el tiempo de edición, de
promoción, de giras absurditas por
Hispanoamérica, el premio Tintero
de Plata... Los ilusos creen que
escribo, maestro, pero valgo verga,
valgo verga...
Lautaro: valgo verga. No he escrito
nada en cuatro años. ¡Cuatro años!
La novela entró a imprenta hace dos.
Échale el tiempo de edición, de
promoción, de giras absurditas por
Hispanoamérica, el premio Tintero
de Plata... Los ilusos creen que
escribo, maestro, pero valgo verga,
valgo verga...
CORTE A:
29.4. INT. RECÁMARA DE LAUTARO. NOCHE
LAUTARO
Al menos tienes eso, Roberto. Fue
tu one hit wonder. Supéralo. A mí
me hacen falta un par de
reporteros.
Al menos tienes eso, Roberto. Fue
tu one hit wonder. Supéralo. A mí
me hacen falta un par de
reporteros.
CORTE A:
28.5. INT. SALÓN DE LECTURA. NOCHE
ROBERTO
(molesto)
Vete a la verga.
(molesto)
Vete a la verga.
Roberto cuelga furioso, aunque no deja de parecer cómico.
Enseguida mira a algún conocido y le sonríe festivamente,
alzando la mano.
29.5. INT. RECÁMARA DE LAUTARO. NOCHE
LAUTARO
¡Pero si ya me ganaste ese lugar!
¿Roberto?
(se da cuenta que le han
colgado)
Vales verga.
¡Pero si ya me ganaste ese lugar!
¿Roberto?
(se da cuenta que le han
colgado)
Vales verga.
Lautaro vuelve la vista a la televisión, pero casi sin querer
-aunque evidentemente provocándolo él mismo- voltea hacia la
computadora portátil abierta, voraz, acusadora.
Lautaro se levanta y camina hacia ella. Al sentarse la cubre con
su sombra.
30. INT. SALóN DE FIESTAS. NOCHE
Un amplio salón de fiestas, del mayor lujo. Hay mesas circulares
acomodadas alrededor de la pista de baile. Un cuarteto de
cuerdas ejecuta una pieza clásica al fondo. Todas las
mujeres y los hombres van de gala. El color azul predomina.
El Hombre camina altivo, impecable en su smóking, con la
SEÑORITA VALDEMAR (25) del brazo. Ella es evidentemente
hermosa y con clase.
Desde un extremo del salón, GODÍNEZ (57) se levanta.
Barrigón, cubierto de vello gris en la cara, pero calvo.
Llama a gritos al Hombre, que se dirige a su mesa.
En la mesa hay otros SEÑORES de supuesta importancia, acompañados
de sus ESPOSAS, mujeres estiradas que no saben sonreír.
Godínez es el único sonriente.
GODíNEZ
Señoras y señores: Miguel Romanov,
mi asesor de campaña.
Señoras y señores: Miguel Romanov,
mi asesor de campaña.
El Hombre saluda a todos con un gesto.
GODÍNEZ
Gracias a este embustero ganamos la
Presidencia de la República.
Gracias a este embustero ganamos la
Presidencia de la República.
Godínez suelta una carcajada estentórea, que todos imitan.
El Hombre y la Señorita Valdemar toman asiento. Un MESERO acomoda
sus lugares ipso facto.
HOMBRE
(amable)
El Presidente no ganó por una
estrategia de campaña, como todos
sabemos. Ganó por su propuesta.
(amable)
El Presidente no ganó por una
estrategia de campaña, como todos
sabemos. Ganó por su propuesta.
GODÍNEZ
Olvídate del sermón, Romanov.
Estamos cenando. Disfruta tu noche.
Olvídate del sermón, Romanov.
Estamos cenando. Disfruta tu noche.
El Hombre sonríe y mira a su alrededor, satisfecho aunque
intimidado.
CORTE A:
39. EXT. MAR. DÍA
El Hombre sigue remando, exhausto. El sol está a punto de
ocultarse. Voltea hacia la Mujer, que sigue inconsciente.
HOMBRE
Y así fue como llegué a ti, Leonor.
Por la vía rápida.
Y así fue como llegué a ti, Leonor.
Por la vía rápida.
El Hombre mira al horizonte, convencido de algo. No sabemos de
qué.
FADE IN A NEGROS
Escuchamos una voz femenina, desconocida hasta entonces.
LUCíA
(V.O.)
¿Cómo? ¿Cómo fue eso?
(V.O.)
¿Cómo? ¿Cómo fue eso?
40. EXT. PUERTA DE PRIMARIA. DíA
La reja de una primaria, donde numerosos PADRES y MADRES esperan
a sus hijos, unos minutos antes de la salida. Lautaro está parado
frente a LUCÍA (38), una mujer que alguna vez pudo haber
sido hermosa, pero que ahora parece consumida por una cierta
ira interior. Cuestiona a Lautaro sin piedad.
LUCÍA
(hiriente)
¿Cómo llegó a ella, Lautaro?
LAUTARO
Tú no sabes nada, Lucía.
(hiriente)
¿Cómo llegó a ella, Lautaro?
LAUTARO
Tú no sabes nada, Lucía.
Lautaro mira hacia la reja.
LUCÍA
Tú. Tú eres el que no sabe,
Lautaro. Tú no sabes cómo resolver
tu historia.
LAUTARO
(sarcástico)
¿Y tú sí?
LUCÍA
No, por supuesto que no... Pero al
menos yo no pretendo pagar la
universidad de Carolina con una
estúpida novela que jamás va a
publicarse.
Tú. Tú eres el que no sabe,
Lautaro. Tú no sabes cómo resolver
tu historia.
LAUTARO
(sarcástico)
¿Y tú sí?
LUCÍA
No, por supuesto que no... Pero al
menos yo no pretendo pagar la
universidad de Carolina con una
estúpida novela que jamás va a
publicarse.
Lautaro está a punto de contestar, justo en el momento en
que una jauría de NIÑOS salen como en tropel de la reja de
la primaria. Gran algarabía y alboroto. Lucía fija la vista
hacia ahí, hasta que reconoce a CAROLINA, una niña rubia y
enclenque que enseguida corre hacia ellos.
La niña se emociona visiblemente al ver a Lautaro.
CAROLINA
¡Papá! ¡Hazme caballito!
¡Papá! ¡Hazme caballito!
Lautaro carga a la niña y se la echa a los hombros, mirando
con odio a Lucía. Ambos caminan hacia el coche.
LUCÍA
(En plan de tregua)
Come con nosotras. ¿Tienes que
regresar pronto al periódico?
LAUTARO
Pues claro. No he cerrado la
edición.
CAROLINA
(impertinente)
No vayas, papá. Ven con nosotras.
Mi mamá nos va a llevar al
rein-forrest.
(En plan de tregua)
Come con nosotras. ¿Tienes que
regresar pronto al periódico?
LAUTARO
Pues claro. No he cerrado la
edición.
CAROLINA
(impertinente)
No vayas, papá. Ven con nosotras.
Mi mamá nos va a llevar al
rein-forrest.
Lautaro mira a Lucía alzando ambas cejas con sorpresa.
LAUTARO
Ah, ¿ya pagas restaurantes caros?
LUCÍA
(más amigable cada vez)
Me está yendo bien.
LAUTARO
Te felicito. Tu presidente es un
corrupto.
LUCÍA
No menos que Roñoso Liceaga. Bueno,
en el hipotético caso de que Roñoso llegara
a la Presidencia, un evento tan
improbable como el congelamiento repentino
del Sol... O que tu novela fuera
publicada algún día, en un futuro
no muy lejano.
Ah, ¿ya pagas restaurantes caros?
LUCÍA
(más amigable cada vez)
Me está yendo bien.
LAUTARO
Te felicito. Tu presidente es un
corrupto.
LUCÍA
No menos que Roñoso Liceaga. Bueno,
en el hipotético caso de que Roñoso llegara
a la Presidencia, un evento tan
improbable como el congelamiento repentino
del Sol... O que tu novela fuera
publicada algún día, en un futuro
no muy lejano.
Lucía sonríe, segura de sus comentarios ingeniosos.
LAUTARO
Las acompaño si tú pagas, señorita Comunicación
Social.
Las acompaño si tú pagas, señorita Comunicación
Social.
CORTE A:
41. INT. RESTAURANTE SELVáTICO. DíA
Un restaurante extravagante, decorado con árboles y lianas
artificiales, como una gran selva de simulacro. Por todos
lados hay FAMILIAS con NIÑOS PEQUEÑOS que corren de un lado
a otro, con un griterío interminable.
Lautaro, Lucía y Carolina comen en relativo silencio. La
niña no advierte la distancia incómoda entre sus padres divorciados.
Lautaro la mira con cariño.
LAUTARO
(a Carolina)
¿Entonces paso por ti el domingo
temprano, brujita?
CAROLINA
¡Sí! ¡Llévame al zoológico! ¿Sí,
papá? ¿Sí?
(a Carolina)
¿Entonces paso por ti el domingo
temprano, brujita?
CAROLINA
¡Sí! ¡Llévame al zoológico! ¿Sí,
papá? ¿Sí?
Lautaro asiente entusiasmado, hasta que encuentra los ojos
de Lucía, que lo mira con una incredulidad fingida.
LUCÍA
¿Perdón? ¿Cómo dijiste?
LAUTARO
Paso por ella el domingo.
LUCÍA
El domingo... ¿y qué es hoy?
LAUTARO
Miércoles... 12.
¿Perdón? ¿Cómo dijiste?
LAUTARO
Paso por ella el domingo.
LUCÍA
El domingo... ¿y qué es hoy?
LAUTARO
Miércoles... 12.
Lautaro permanece tranquilo, aunque intuye lo que se
avecina.
LUCÍA
Ajá, y si ya la viste hoy, ¿por qué
otra vez el domingo? Hoy es tu
domingo.
LAUTARO
No, Lucía, no me salgas con eso.
Hoy es tu miércoles, tu semana. El
domingo es mi domingo.
LUCÍA
No. Lo cambiaste por hoy. Hasta la
comida te salió gratis.
Ajá, y si ya la viste hoy, ¿por qué
otra vez el domingo? Hoy es tu
domingo.
LAUTARO
No, Lucía, no me salgas con eso.
Hoy es tu miércoles, tu semana. El
domingo es mi domingo.
LUCÍA
No. Lo cambiaste por hoy. Hasta la
comida te salió gratis.
Carolina mira la escena con tristeza, sin atreverse a hablar.
LAUTARO
(a punto de perder los
estribos)
Lucía: no otra vez. Por favor.
Somos dos adultos. No empieces a
jugar sucio.
LUCÍA
(impasible)
No estoy jugando sucio, Lautaro. De
hecho, estoy siendo bastante
flexible contigo. Te dejé verla y
hasta recogerla en la escuela en un día
que no te tocaba para nada verla. Y
encima, quieres abusar de mi
confianza creyendo que todavìa te
voy a dejar que la veas el próximo
domingo. Lo siento. Vamos ir a
Valle con mis papás.
(a punto de perder los
estribos)
Lucía: no otra vez. Por favor.
Somos dos adultos. No empieces a
jugar sucio.
LUCÍA
(impasible)
No estoy jugando sucio, Lautaro. De
hecho, estoy siendo bastante
flexible contigo. Te dejé verla y
hasta recogerla en la escuela en un día
que no te tocaba para nada verla. Y
encima, quieres abusar de mi
confianza creyendo que todavìa te
voy a dejar que la veas el próximo
domingo. Lo siento. Vamos ir a
Valle con mis papás.
Carolina se levanta de la mesa y camina a uno de los juegos.
LAUTARO
(derrotado)
Son chingaderas, Lucía.
LUCÍA
Tómalo como quieras. Si quieres, si
te parece, le llamo a mi abogada
para que te lo explique mejor.
(derrotado)
Son chingaderas, Lucía.
LUCÍA
Tómalo como quieras. Si quieres, si
te parece, le llamo a mi abogada
para que te lo explique mejor.
Lucía toma su bolsa de uno de los asientos. La abre y saca
el teléfono celular. Lautaro mira la escena impotente.
LAUTARO
Entonces así va a ser la cosa. Con
alevosía y ventaja.
Entonces así va a ser la cosa. Con
alevosía y ventaja.
Lucía deja el celular sobre la mesa y lo mira intentando
parecer comprensiva.
LUCÍA
Termina tu novela y ya veremos.
LAUTARO
(iracundo)
¡Eso qué! ¡Eso no tiene nada qué ver!
¡No me salgas con más fregaderas!
Termina tu novela y ya veremos.
LAUTARO
(iracundo)
¡Eso qué! ¡Eso no tiene nada qué ver!
¡No me salgas con más fregaderas!
Lucía contiene las palabras y de nuevo abre la bolsa, de la
que extrae un papel. Lo extiende frente a Lautaro.
LUCÍA
Mira:
(señala el papel con el dedo)
La convocatoria del Huasca. Cierra
en mes y medio. Acaba tu novela en
ese lapso, gana el premio, y
entonces vamos a discutir otra vez
los términos.
Mira:
(señala el papel con el dedo)
La convocatoria del Huasca. Cierra
en mes y medio. Acaba tu novela en
ese lapso, gana el premio, y
entonces vamos a discutir otra vez
los términos.
Lautaro mira el papel incrédulo, con un gesto de asco impreso
en la cara. Permanece pensativo.
LAUTARO
Esto-es-una-reverenda-mamada.
Esto-es-una-reverenda-mamada.
Lucía se encoge de hombros.
LUCÍA
Te estoy ayudando, Lautaro. Te
estoy ayudando más de lo que
imaginas. Te aseguro que nunca vas
a terminar de agradecérmelo.
Te estoy ayudando, Lautaro. Te
estoy ayudando más de lo que
imaginas. Te aseguro que nunca vas
a terminar de agradecérmelo.
Lautaro voltea hacia el área de juegos, donde Carolina permanece
sentada al borde de un brincolín, tímida y lejana.
Vuelve la vista hacia el papel, lo toma y lo lee superficialmente.
Luego mira de nuevo a Lucía.
LAUTARO
Eres una perra enferma.
Eres una perra enferma.
42. EXT. MAR. NOCHE
El Hombre sigue navegando, cada vez más perdido en el horizonte
que no adivina ninguna línea, ningún contacto con tierra. La
Mujer sigue inmóvil, como muerta. El Hombre ha dejado los remos
a sus costados, y permanece quieto, expectante. La mira de
nuevo, hermosa en su cercanía con la muerte.
HOMBRE
Tienes razón. No sé cómo fue.
Tienes razón. No sé cómo fue.
El Hombre mira a lo lejos. La nada.
HOMBRE
No tiene sentido, ¿Leonor? ¿Lucía?
No tiene sentido.
No tiene sentido, ¿Leonor? ¿Lucía?
No tiene sentido.
El Hombre se levanta y el bote tiembla peligrosamente sobre las
aguas. A él no le importa. Mira la porción profunda, negra, abismal,
del océano debajo de él. Lanza una última mirada en torno a
la Mujer.
Se arroja al agua.
CORTE A:
43. INT. HABITACIóN DE LAUTARO. NOCHE
C.O. del dedo anular de Lautaro, que permanece oprimido contra
la tecla SUPR en su computadora portátil.
La hoja aparece en blanco de nuevo. Lautaro cierra el
aparato y se lanza a la cama de frente, sin mover la cabeza
para amortiguar el impacto.
44. INT. CASA DE ROBERTO. DíA
La casa de Roberto Cancieri es amplia e iluminada. La sala y el
hall están a desnivel, todo adornado en tonos cremosos y
pardos. Vasijas egipcias, cuadros impresionistas, paredes
repletas de libros, retratos en los que Roberto y Amada
aparecen sonrientes, felices.
Lautaro está sentado en un sillón, desganado, mientras bebe
un vaso de whisky. Roberto está frente a él, mirándolo con
atención.
ROBERTO
El Huasca es imposible. El Tintero
de Plata es todavía alcanzable,
pero el Huasca es imposible. Fuera
de la competencia.
LAUTARO
(da un sorbo a su trago)
Es una hija de puta.
El Huasca es imposible. El Tintero
de Plata es todavía alcanzable,
pero el Huasca es imposible. Fuera
de la competencia.
LAUTARO
(da un sorbo a su trago)
Es una hija de puta.
Amada aparece por el pasillo con un tazón de botana. Lo
coloca frente a la mesa y se sienta junto a Roberto,
acomodando su cuerpo junto al de él.
AMADA
Deja las sandeces para tus
presentaciones literarias,
queridito.
Deja las sandeces para tus
presentaciones literarias,
queridito.
Amada le da unos golpecitos en el muslo a Roberto. Éste aún
mira a Lautaro sin saber qué decir.
LAUTARO
El zoquete tiene toda la razón,
Amada. El Huasca es imposible. Más
para mí, un novato.
AMADA
Novato no, cuando has dedicado
tantos años de tu vida a escribir
la novela que traes entre manos.
El zoquete tiene toda la razón,
Amada. El Huasca es imposible. Más
para mí, un novato.
AMADA
Novato no, cuando has dedicado
tantos años de tu vida a escribir
la novela que traes entre manos.
Roberto y Lautaro se miran.
LAUTARO
Ocho, sí, y ayer lo borré todo. No
tengo nada. Estoy en ceros.
AMADA
¡Lautaro Cromwell! ¡En el nombre
del cielo!
LAUTARO
(dando otro trago a su whisky)
Son hijodeputeces.
Ocho, sí, y ayer lo borré todo. No
tengo nada. Estoy en ceros.
AMADA
¡Lautaro Cromwell! ¡En el nombre
del cielo!
LAUTARO
(dando otro trago a su whisky)
Son hijodeputeces.
ROBERTO
Oye, maestro, ¿te acuerdas de cómo
nos imaginábamos de grandes? Íbamos
a las grandes ligas. Yo quería
comprar un periódico para hacerme
trillonario por concepto de
publicidad, y tú querías que te
publicaran en el semanario de la
facultad.
Oye, maestro, ¿te acuerdas de cómo
nos imaginábamos de grandes? Íbamos
a las grandes ligas. Yo quería
comprar un periódico para hacerme
trillonario por concepto de
publicidad, y tú querías que te
publicaran en el semanario de la
facultad.
Lautaro emite un gruñido por toda respuesta.
ROBERTO
(insistente)
¿Pero te acuerdas, mano?
¿Pero te acuerdas, mano?
Lautaro reacciona casi con violencia, irritable.
LAUTARO
¡Cómo no me voy a acordar!
¡Cómo no me voy a acordar!
CORTE A:
FLASHBACK
FLASHBACK
45. INT. CUARTO DE ROBERTO. NOCHE
Veinte años atrás. Lautaro y Roberto, en sus tempranos
veinte, están acostados de cabeza en la cama del segundo.
Los cuerpos son los mismos, pero con ademanes más
jóvenes (más pelo donde no lo había, algún truco de
maquillaje) y con atuendos estrafalarios: cabellos erizados,
playeras negras estampadas, tenis de colores fosforescentes entre
los que se pierden los bordes de los pantalones entubados.
El cuarto de Roberto es pequeño, oscuro, sucio. Las paredes,
de un verde perico, están repletas de pósters gigantescos de
bandas metaleras: DIO, Iron Maiden, Black Sabbath. Una
pequeña grabadora emite gritos guturales y guitarras
distorsionadas.
Ambos comparten un CIGARRO DE MARIHUANA y miran perdidos hacia
la pared.
ROBERTO
(con voz aletargada)
Quiero comprar un periódico para
hacerme trillonario por concepto de
publicidad.
(con voz aletargada)
Quiero comprar un periódico para
hacerme trillonario por concepto de
publicidad.
Lautaro recibe el CIGARRO y le da una aspirada larguísima,
conteniendo el humo. Así, con la voz contenida, contesta:
LAUTARO
Me conformo con que me publiquen en
el semanario de la facultad.
Me conformo con que me publiquen en
el semanario de la facultad.
CORTE A:
46. INT. CASA DE ROBERTO. DíA - SEGUNDOS DESPUéS
LAUTARO
(ríe casi sin ganas)
Mentira. Así no éramos.
(ríe casi sin ganas)
Mentira. Así no éramos.
Amada ríe divertida con la dramatización.
ROBERTO
Tienes toda la razón. Permíteme.
Tienes toda la razón. Permíteme.
CORTE A:
FLASHBACK:
FLASHBACK:
47. INT. SALA ELEGANTE. DíA
Una sala exquisitamente decorada, en la que parece tomar lugar
una tertulia literaria. Hombres maduros, casi todos de
lentes, discuten en voz baja algunos asuntos. Lautaro y
Roberto, en su papel de jóvenes, vestidos con sacos
cuadriculados y mascadas sobre las camisas, fuman una pipa cada
uno. Al fondo se escucha una pieza de violines.
ROBERTO
(con voz engolada)
Y le decía, señor Cromwell, que mi propósito
es construir un emporio editorial.
LAUTARO
En efecto, señor Canciari. La
industria periodística obtiene gran
parte de su financiamiento gracias
a la publicidad.
ROBERTO
Desde luego. Mi objetivo, luego
entonces, es amasar una buena fortuna
a través de este medio.
LAUTARO
Muy ingenioso. En mi caso, como
usted sabe, confío en que la
facultad de Letras de nuestra Alma
Máter...
ROBERTO
(interrumpe)
La Universidad más prestigiosa de
toda Latinoamérica.
LAUTARO
Sí, por supuesto. Confío en el
criterio de su incipiente, pero sin
duda pujante industria editorial...
ROBERTO
El semanario.
LAUTARO
El semanario, sí. Y, por lo tanto,
me sentiría muy honrado si pudiera
ver mis letras impresas ahí.
ROBERTO
Fascinante.
(con voz engolada)
Y le decía, señor Cromwell, que mi propósito
es construir un emporio editorial.
LAUTARO
En efecto, señor Canciari. La
industria periodística obtiene gran
parte de su financiamiento gracias
a la publicidad.
ROBERTO
Desde luego. Mi objetivo, luego
entonces, es amasar una buena fortuna
a través de este medio.
LAUTARO
Muy ingenioso. En mi caso, como
usted sabe, confío en que la
facultad de Letras de nuestra Alma
Máter...
ROBERTO
(interrumpe)
La Universidad más prestigiosa de
toda Latinoamérica.
LAUTARO
Sí, por supuesto. Confío en el
criterio de su incipiente, pero sin
duda pujante industria editorial...
ROBERTO
El semanario.
LAUTARO
El semanario, sí. Y, por lo tanto,
me sentiría muy honrado si pudiera
ver mis letras impresas ahí.
ROBERTO
Fascinante.
Un MESERO (el mismo mesero de la escena 30) aparece con bandejas
en las que hay copas de champaña. Roberto y Lautaro toman
una cada uno.
ROBERTO
¿Salud?
LAUTARO
Salud.
¿Salud?
LAUTARO
Salud.
Ambos hombres beben mientras echan una mirada general al recinto.
Roberto parece identificar a alguien, y agudiza la mirada.
Lautaro nota el gesto, y se da la vuelta, tratando de ver lo
mismo que él. En la multitud no distingue a nadie.
ROBERTO
¿Quién invitó a ese hombre?
¿Quién invitó a ese hombre?
El Hombre aparece a cuadro, con una apariencia casi por entero
distinta a la que conocimos primero. Su peinado y color de
pelo es distinto, viste
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